domingo, 19 de abril de 2026

La Removición

(Ya sé que el título de la entrada es una palabra que no existe; la he usado adrede)

¡Estoy por fin de vacaciones! Y buena falta que me hacía. La semana que viene es la Feria de Abril en Sevilla y me he cogido los días que no disfruté en Semana Santa. La verdad es que los necesitaba muchísimo. Me aburro tanto en el trabajo que siento que necesito tiempo para dedicárselo a mí y a mis proyectos personales, que van desde hacer webs o leer, hasta jugar a la consola o directamente sentarme en el sofá y practicar diversas formas de onanismo.

Estoy muy volcado con mi web del Cajón Cofrade, ya que me ayuda a sobrevivir un poco a la resaca cofradiera de después de Semana Santa (es complicado dejarla atrás, incluso en estos tiempos en los que Sevilla está llena de procesiones por doquier durante el año). Cuando me pongo a subir contenido al portal me gusta ambientarme: rodearme de mis coleccionables, poner música de Semana Santa o algún vídeo. Hoy decidí abrir mi Jellyfin —ese Netflix casero que tengo montado con material propio— y reproducir un rip del DVD editado sobre la procesión Magna que se celebró en Jerez el Sábado Santo del año 2000, así que lo puse de fondo y seguí con mis labores.

Huelga decir que aquel acontecimiento caló mucho en mí. En el año 2000, cualquier procesión extraordinaria hacía honor a su nombre: era realmente raro ver una procesión de Semana Santa fuera de su día correspondiente, y en Jerez especialmente, pues el obispo de entonces era un hombre muy humilde al que no le tenía especial aprecio a la pompa y ostentación de las cofradías, así que ver esa procesión era como presenciar algo que sabías que no volverías a ver en tu vida.

Tengo recuerdos casi fotográficos de aquel día: cómo amaneció lloviendo y la procesión casi se cancela (eso lo cuenta el DVD), cómo me adelanté para ir a verla con mi amigo Abraham y poder ver los pasos acercarse al recorrido oficial, cómo mi amiga Isa y su hermana —primas de Abraham— se unieron después y, como aquello les resultaba tan tedioso, acabaron marchándose al McDonald's a comerse una hamburguesa… y cómo yo estaba entre extasiado y catatónico contemplando aquella sucesión de 31 pasos que representaban en orden cronológico la Pasión de Cristo. Fue algo brutal para mí.

Ver ese DVD desde entonces me hace revivir ese momento, y hoy no era menos, aunque no le estaba prestando demasiada atención… hasta que vi esta imagen (pongo solo una captura):

Se trata del paso de misterio de la Hermandad de la Amargura de Jerez —representa el momento de la Flagelación de Cristo—, a la que pertenecí desde los 10 años hasta los 24. Y me quedé mirándola fijamente. No sé si es ese cielo de atardecer, o esa esquina en la que apenas se adivina la calle pero tiene esa pátina tan propia de Jerez… o el silencio con el que el paso avanzaba —en la magna los pasos iban sin música; solo había algunas bandas intercaladas cada ocho o diez pasos—. El caso es que me removió verla.

De pronto volvía a tener 16 años, volvía a vivir en Jerez y mis únicos problemas eran sacar buenas notas en el instituto y que no se metieran mucho conmigo… bueno, y no quedarme sin amigos, algo que siempre me ha costado mucho tener (al menos hasta que fui adulto). De pronto mi padre estaba aún en la azotea, mi perrita Lola correteaba por la casa —con ella me llevaba fatal, eso sí— y mi madre no tenía Alzheimer y me estaba esperando para hacerme de comer al día siguiente. Mis hermanas también vivían en casa y mi mundo estaba en Jerez, en mi barrio, en mi instituto y poco más. Sé que entonces no todo era de color de rosa… sé que muchas cosas ahora son mejor que antes… pero también había entonces cosas que me gustaban y que ahora no es que sean peor: es que simplemente no están.

Quizá por eso me alegro mucho cada vez que pienso que viví y disfruté todo aquello tan intensamente como pude. Gracias a Dios.

Pero qué pena se me ha quedado…

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