Cristina era una chica de mi colegio con una discapacidad intelectual que se pasaba todo el recreo dando paseos por el patio. Lo hacía en una postura muy particular, con las manos levantadas, una delante y otra detrás.
Recuerdo que romanticé mucho a Cristina en aquel post: quise ver en ella la simplicidad de ser feliz dando paseos, ajena a todo lo demás.
Hoy sé que la realidad no siempre es tan romántica. Cristina era hija de un maestro del colegio y tenía un trastorno del espectro autista muy severo.
Aunque no es algo equiparable, ahora tengo una madre con Alzheimer avanzado que la hace deambular constantemente, apilar y guardar cosas compulsivamente y hablar todo el rato diciendo cosas sin sentido. Es algo duro de ver cuando mi madre ha sido una persona tan excepcional y ves cómo la enfermedad va borrando todo eso...
Pero también consuela saber que esos comportamientos repetitivos son, en cierto modo, su forma de regularse. Y ahí veo el parecido con aquellos paseos interminables de Cristina por el patio del colegio.
Al final, son situaciones provocadas por realidades muy distintas, pero que me hacen pensar también en lo poco que, en el fondo, necesitamos a veces para regularnos.
Esta noche he descubierto a un grupo llamado MEER en Bandcamp. Y escuchar sus canciones me ha regulado más que mil horas de terapia y toneladas de Vortioxetina.
Han sido mis paseos de Cristina y mis cajitas ordenadas por mi madre.